martes, 7 de octubre de 2014

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Kucharski y el olvido

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Cuando empezamos a abordar una biografía de Fernando Muscat García, el primer internacional aragonés, sabíamos que no era tarea fácil porque, para empezar, su relato lo tendrían que contar otros. Muscat falleció en diciembre de 2000 en Barcelona. Sus hijos nos abrieron las puertas de su casa de Vilanova i la Geltrú con amplia generosidad, pero ni así se puede alimentar toda nuestra curiosidad: ¿cómo lograban esos pioneros las pelotas o las canastas? ¿Cómo era un entrenamiento de baloncesto en 1930? ¿Cuál fue el desarrollo de ese partido o aquel viaje? Cuando pretendes entrar en una investigación sobre acontecimientos que pasaron hace ochenta años eres consciente de que quedarán pocas personas con vida que puedan responder estas cuestiones desde sus propios recuerdos. El paso del tiempo corre en tu contra y tus mejores aliados son los libros y las hemerotecas, pero tampoco con esto basta. Muchas veces nos hemos preguntado por qué no fueron otros antes los que se encargaron de poner en valor a los pioneros del baloncesto de Zaragoza, al menos, con una obra extensa.


Partido número 50, y último, de Kucharski con España, jugado en Huesca

El fallecimiento el 2 de octubre de 2014 de Eduardo Kucharski no ha pasado desapercibido. La importancia del personaje, el primer gran jugador español de la posguerra y un entrenador precursor, merecía todos los obituarios y reportajes que se firmaron durante los días posteriores. En ellos se habla de sus campeonatos con el Laietà, Joventut, Aismalíbar o Barcelona. Su viaje a Bolonia para ser el técnico de la Virtus, el primer español en hacerlo fuera del país. Nos cuentan sus hazañas como seleccionador, principalmente en la cita de Roma'60 donde debutó la roja... Hasta Heraldo de Aragón recorrió su huella en Aragón con un reportaje que utiliza al locuaz Jorge Guillén como principal portavoz.


Algunos historiadores entrevistaron últimamente al 'mito' Kucharski, que había perdido el anclaje de su mujer hace unos meses. Lluís Puyalto y Raúl Barrera, responsables del archivo histórico de la Fundació del Bàsquet Catalá y del Museo de la FEB; tienen extensas entrevistas grabadas con el 'polaco'. El periodista Carlos Jiménez también recogió sus impresiones hace menos de un año para el libro que está coordinando sobre el pasado de este deporte en nuestro país. Decadas atrás otros redactores, investigadores o personas de baloncesto como Justo Conde, Fernando Font o Manuel Espín habían narrado la vida de estos hombres que marcaron los primeros pasos de una senda que ahora cubre de gloria al deporte español.


En varias ocasiones intentamos hablar con Eduardo Kucharski, que apenas salía de su casa y que tenía severos problemas de vista. No acudió a una de las citas marcadas aludiendo problemas de salud. Sabíamos, por buenos compañeros que le habian interrogado por ello, que no recordaba bien a Fernando Muscat, con el que no coincidió en los equipos del Laietà por culpa de una guerra, pero al que seguro admiró como chaval que vivía frente a la pista de la calle Viladomat. No quisimos molestarle, más desde que se quedó viudo. Al conocer su marcha, una honda pena me invadió, pero creo que Kucharski sí ha recibido homenajes en vida y escuchado aplausos más que merecidos. No considero que hayan tenido el mismo trato las leyendas aragonesas, muchas de ellas emigradas para poder jugar, pero no por eso orgullosas de unos orígenes que no olvidan y defienden con pasión cuando hablas con ellos. Para algunos como Fernando Muscat  ya será tarde, pero no son pocos los que aún están entre nosotros y merecen un reconocimiento mayor al que hasta ahora les ha tributado la gran familia del baloncesto zaragozano y aragonés.

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