martes, 10 de febrero de 2015

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Anadón, el Ángel del baloncesto moderno en Zaragoza

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La transición entre el baloncesto primigenio que llega a Zaragoza teniendo en Helios su germen y primera evolución con los pioneros del basket aragonés, y la etapa inicial de profesionalización del deporte de la canasta en la que los clubes comienzan a retribuir a los jugadores, tuvo en Ángel Anadón un protagonista fundamental tanto con su Iberia al que conviritió en equipo de referencia, como en el posicionamiento de Zaragoza como plaza indiscutible del baloncesto nacional.

Anadón con Kucharski
"El Iberia empezó como un club particular, estábamos jugando en el colegio de Maristas, el equipo de balonmano con unas porterías hechas en el Teatro Principal, y el de baloncesto. Éramos el mejor equipo ciudadano", recuerda Anadón en su domicilio zaragozano. "Entonces nos llamaron del Club de Tenis para que fuéramos a jugar allí, porque la Nacional les daba dinero si tenían un equipo de baloncesto".
Aquel Iberia que florece en el Real Zaragoza Club de Tenis del Paseo de la Mina, consigue que la clase adinerada de la ciudad se interese por el baloncesto y este tome una mayor trascendencia.
Ángel Anadón ya trabajaba por entonces en el Teatro Principal de Zaragoza, donde fue gerente y programador cultural durante más de 60 años y del que ostenta el título de Director vitalicio desde 2009. Compaginaba esta actividad profesional con su pasión por el baloncesto, de tal manera que su estatus de figura pública sirvió para apuntalar estas relaciones sociales siendo al mismo tiempo habitual ver a los jugadores de baloncesto en el palco del Principal. Son muchas las anécdotas y vivencias que atesora Anadón, tantas como hasta para ser protagonista de un libro, o tener deliciosas historias como la de la noche del 23-F.
Artículo en Heraldo de Aragón con motivo del 50 Aniversario del Iberia
La trayectoria de Anadón es mucho más influyente como entrenador e impulsor del baloncesto que como jugador, siendo Helios y el Cerbuna equipos en los que también actuó además de en el Iberia. Uno de los capítulos más trascendentales de la historia del baloncesto aragonés tuvo lugar en las dependencias de Anadón en el Teatro Principal, donde el Iberia cerró su participación para la tercera edición de la Liga Nacional, en la que iban a tomar parte por primera vez clubes que no fueran de Madrid o Cataluña. Acompañando al Águilas de Bilbao, el Iberia comenzaría a hacer historia en aquel curso 1958/59 de la mano de Ángel Anadón.
"Nosotros tuvimos uno de los mejores americanos que ha venido a España: Francis Stone. De todos los que había jugando en el Madrid, o en cualquier otro equipo, Stone era tan bueno o mejor que ninguno de ellos. Era Teniente en la Base Aérea de Zaragoza, y le tenían un respeto los demás americanos que para qué". El Iberia fue un club pionero a la hora de reclutar americanos, en una Zaragoza en la que la influencia de la Base americana abría nuevos horizontes en la música, los deportes y las costumbres. Anadón destaca que en el aquel Iberia ningún jugador cobraba, y que los americanos incluso ponían sus lujosos coches para los desplazamientos.

El Iberia en la temporada 1960/61, con Jorge Guillén en el Aismalibar /La Casa del Baloncesto
El club que tenía su pista junto al Huerva fue el primer equipo amateur de España en lucir en su camiseta un patrocinador, la empresa zaragozana de colchones Flex.
"El baloncesto tuvo tanto tirón en aquellos momentos en Zaragoza, que durante dos años coincidimos dos equipos en la Liga Nacional, primero con Helios y luego con el Real Zaragoza". Anadón todavía se emociona cuando recuerda algunos pasajes de su extensa vida deportiva. "El baloncesto tenía tanta predicación como el fútbol, era una cosa impresionante, los periódicos además se portaban muy bien". Aquellos años surgió una enconada rivalidad entre el Iberia y Helios.
"Yo me marché a Barcelona en el año 64 y entonces desapareció el Iberia". Pero Anadón volvería a Zaragoza, a su Teatro Principal, a su despacho decorado con pósters y trofeos de baloncesto. Y desde allí seguiría siendo una de las figuras imprescindibles del baloncesto aragonés.

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